En Captalys, analizamos el crédito desde una perspectiva histórica para tratar de comprender su trayectoria futura. Algo que nos quedó claro es que el crédito nació del concepto de creer y tener confianza.

Hoy en día, con la tecnología, abundantes datos y nuevas formas de interacción entre personas y entre personas y empresas, marcas y comunidades, el concepto de crédito ha cambiado radicalmente. Según Nik Milanovic, periodista de la revista TechCrunch, estamos a punto de embarcarnos en una revolución crediticia.

Durante miles de años, el crédito se ha basado en el conocimiento subjetivo y el juicio de las personas. Es decir, dado que el crédito dependía de la proximidad entre las personas y las relaciones entre ellas, terminó presentando una serie de problemas cuando el prestatario era un extraño.

A mediados del siglo XX, este escenario cambió dramáticamente después de que una compañía de tecnología estadounidense llamada Fair, Isaac & Co., ahora conocida como FICO, introdujo el concepto de algoritmo para determinar el puntaje de crédito de las personas. Esta calificación eventualmente reemplazó los chismes, las impresiones y otra información subjetiva que impulsó las decisiones de crédito, incluso de los banqueros más sofisticados. Hoy, el uso del algoritmo es omnipresente.

Sin embargo, los burós de crédito ofrecen información limitada que está básicamente restringida al pasado de las personas. Además, ofrecen un enfoque formal y no transparente. Nuestro mundo actual lleno de guardianes, como los burós de crédito y los agregadores de datos, será reemplazado por un mundo donde las personas tendrán control sobre sus datos. Milanovic estima que esto podría ayudar a reducir los costos que actualmente se pagan a estos terceros en aproximadamente US$15 mil millones al año.

Es probable que el concepto actual de puntuación sea completamente reemplazado por un sistema relacional y contextual en el que cada individuo será clasificado en relación con otros individuos similares a él. La alimentación de estos puntos provendrá de múltiples fuentes y tecnologías y tendrá en cuenta las necesidades cotidianas de las personas en ciertas etapas de sus vidas. Los costos de crédito pueden definirse en función del valor intrínseco del activo que se compra (por ejemplo, pagar la matrícula universitaria debería ser más barato que un viaje de esquí en Suiza). De esta manera el crédito será dinámico. Sus límites se calcularán basándose no solo en evaluaciones de comportamiento pasadas, sino también en las proyecciones de flujo de efectivo de cada persona, teniendo en cuenta no solo los ingresos sino también los gastos actuales y futuros. Todo de forma automática.

Básicamente, estamos a punto de ingresar a la nueva generación de crédito. Todavía es difícil predecir exactamente cómo será este futuro, pero podemos estar seguros de que será muy diferente del presente, y ciertamente desafiará nuestra concepción de la confianza.

En este nuevo mundo, ¿puedes confiar sin tener "datos"? Si, por un lado, quedó claro que una información cada vez más precisa será la base del crédito en el futuro, ¿eso significa que la información también será la base de la confianza? Parece que las implicaciones de esto serían muy amplias y aún no podemos evaluar este impacto, no solo en la próxima generación de crédito, sino en la próxima generación de absolutamente todo.